Las arritmias son una de las causas más frecuentes de consulta al cardiólogo por el malestar físico que originan sus síntomas y por las consecuencias que producen en el estado general de los pacientes.
Dentro del corazón se encuentran las células cardíacas necesarias para la formación del impulso cardíaco y la transmisión de éste por su interior. La alteración en la formación o transmisión de este impulso cardíaco da lugar a estas alteraciones del ritmo que llamamos arritmias cardíacas. Este ritmo puede verse alterado por variaciones en la frecuencia cardíaca y/o en la regularidad del latido, lo que provoca distintos tipos de arritmias.
En general podemos decir que existen dos grandes grupos de alteraciones del ritmo; las bradiarritmias, en las que el corazón late demasiado lento, y las taquiarritmias, en las que el corazón late demasiado rápido; estas taquiarritmias serán distintas si su origen se localiza en las cavidades cardíacas superiores (aurícula) o si por lo contrario se sitúan en las cavidades cardíacas inferiores (ventrículos).
Las arritmias no tienen por qué presentar siempre síntomas; pueden incluso cursar asintomáticas. Estos síntomas son molestos para el paciente: cansancio, sensación de palpitaciones, mareo, sensación de falta de aire, e incluso llegan a ser graves, como pérdida de conocimiento o síncope.
Existen técnicas para poder diagnosticar y tratar posteriormente la arritmia cardíaca, aunque en ocasiones, una vez diagnosticada, lo que puede tratarse son únicamente los síntomas que produce.
Entre las técnicas de curación y tratamiento para cada arritmia cardíaca pueden citarse: el estudio electrofisiológico para diagnosticarla e identificarla; la ablación con radiofrecuencia para curar algunas de ellas (las taquiarritmias); la implantación de un marcapasos definitivo para tratar otras arritmias (las bradiarritmias); y, por último, el desfibrilador automático implantable para tratar las taquiarritmias de origen ventricular.
El marcapasos está formado por un generador de impulsos cardíacos, alimentado por una batería especial. Va conectado a un cable o electrodo para estimular el corazón y asegurarle un latido cardíaco artificial pero eficaz en caso de que falle el latido cardíaco normal. La técnica de implantación de este dispositivo es sencilla; debe realizarse en un quirófano para evitar infecciones y deberá cambiarse la pila del dispositivo cuando ésta se agote. La vida media de estos dispositivos es variable, con un máximo de 10 años. Es importante ayudar al paciente portador de un marcapasos a integrarse cuanto antes en su realidad cotidiana; para ello deberá seguir unos consejos médicos y unas pautas de conducta en su estilo de vida.