La osteoporosis es una enfermedad con una marcada repercusión social y económica debido a su consecuencia clínica: las fracturas. Es muy frecuente en la población general, pues afecta a una de cada tres mujeres posmenopáusicas, pero también a los hombres y a algunas mujeres antes de la menopausia. Las fracturas clásicamente asociadas a la osteoporosis son las de radio distal o fractura de Colles, las de vértebras y la de cadera.
La fractura vertebral es la manifestación más frecuente de la osteoporosis, pero a menudo pasa desapercibida. Aproximadamente sólo un tercio de las fracturas vertebrales es sintomática.
La fractura de cadera es la más grave por sus consecuencias clínicas y socioeconómicas. Se asocia a una marcada discapacidad que obliga a depender de terceras personas en un 25% de los casos, junto a un aumento de la mortalidad durante el primer año, que se sitúa en un 21% para las mujeres y en un 36% para los varones. Sólo un tercio de los pacientes vuelve a unos niveles de autonomía similares a los previos a la fractura.
El diagnóstico de osteoporosis se basa en la medición de la densidad mineral ósea. Sin embargo, existen otras situaciones clínicas que aumentan de forma importante el riesgo de fractura. Entre ellas destacan: la edad avanzada, el bajo peso, el antecedente de fractura por fragilidad después de los 40 años, el antecedente de fractura en un familiar de primer grado, el hábito de fumar y el tratamiento con glucocorticoides.
Las medidas preventivas de la osteoporosis se deben adoptar en la población general a cualquier edad y a lo largo de toda la vida. Así, es aconsejable que toda la población practique ejercicio físico, tenga una adecuada exposición a la luz del sol, abandone el consumo del tabaco y la ingesta excesiva de alcohol y que tenga una nutrición adecuada que incluya alimentos ricos en calcio.