NOTICIA

Vivir cerca de una zona verde en la infancia protege la salud mental de por vida

MÓNICA G. SALOMONE

Que las características del entorno en que vivimos afectan nuestro bienestar parece obvio. Pero que la salud mental de un octogenario esté influenciada por el lugar en que vivió de niño resulta más llamativo. También para el demógrafo escocés Jamie Pearce, que considera ese vínculo “uno de los hallazgos más fascinantes” de su investigación reciente. En sus datos hay un aspecto del entorno que emerge como especialmente beneficioso para la salud mental: el acceso a espacios verdes.  Pearce ha participado esta semana en el ciclo de conferencias Demography Today, con la charla Historia Longitudinal del espacio: un enfoque geográfico para comprender la salud mental y el envejecimiento cognitivo.

20 abril, 2018

Perfil

Jamie Pearce

Conferencia

Historia Longitudinal del espacio: un enfoque geográfico para comprender la salud mental

Publicación

Calidad de vida y envejecimiento: la visión de los mayores sobre sus condiciones de vida

Pearce es catedrático de Geografía de la Salud en la Universidad de Edimburgo, donde codirige el Centro de Investigación sobre Medio Ambiente, Sociedad y Salud y es director de la Escuela Escocesa de Graduados en Ciencias Sociales. Su investigación busca entender qué peso tiene en nuestras decisiones cotidianas el lugar en que vivimos, para en última instancia contribuir a “que aprendamos a construir el entorno más favorable para todos”, explicó en una entrevista previa a su intervención.

Pone ejemplos: en la decisión de empezar a fumar o no influye el número de puestos de venta de tabaco en el barrio de residencia, o si se ven muchos anuncios de marcas de tabaco. Algo similar sucede con la actividad física: si hay un parque cerca, es más probable que los vecinos hagan más ejercicio. Este tipo de factores asociados al entorno intervienen más en el comportamiento -explica Pearce- que los mensajes más explícitos, como las campañas de concienciación.

“Hoy sigue habiendo muchos fumadores, a pesar de que todo el mundo sabe ya que el tabaco es malo para la salud”, dice Pearce; “lo que falla en este caso no es la falta de información”.

Jamie Pearce, conferenciante del ciclo ‘Demography Today’.

Con la idea de seguir desbrozando qué aspectos del entorno influyen más, y cómo, Pearce y sus colegas decidieron recurrir a un tesoro para los demógrafos: una cohorte de decenas de miles de personas nacidas en 1936 en los alrededores de Edimburgo, y que cuando tenían 11 años superaron las pruebas cognitivas que se hacían por entonces a los niños de la región. Unos 800 supervivientes de esta llamada Cohorte Lothian fueron contactados de nuevo a principios del siglo XXI.

Hace tres años Pearce y sus colegas preguntaron a los miembros de la Cohorte Lothian dónde habían vivido a lo largo de su vida, y analizaron después la salud mental de los ya octogenarios. Para asombro de los investigadores, emergía una relación entre código postal durante la infancia y salud mental y cognitiva. Sobre todo en quienes vivieron una niñez con pocos recursos, la cercanía del lugar de residencia a una zona verde se asociaba en la actualidad a menos tendencia a trastornos como la ansiedad o la depresión, y a una buena capacidad cognitiva.

¿A qué se debe la relación? ¿Cuál es el vínculo entre las visitas al parque de niño y la salud mental del anciano? Pearce no da una respuesta, aparte de resaltar que “la infancia es una etapa formativa” y que “todo lo que ocurra en ella tendrá influencia en la vida adulta”. No se puede pedir a un octogenario que recuerde cuántas veces iba al parque, o si jugaba allí con sus amigos o solo. Pero sí se sabe, por estudios realizados con adultos, que el beneficio de los espacios verdes no provienen solo de que se hace en ellos más actividad física. La naturaleza parece tener un efecto beneficioso intrínseco para la salud mental.