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“Chagall. Los años decisivos. 1911-1919”, un documental para revisitar la exposición del Museo Guggenheim Bilbao

La Fundación BBVA ofrece, a través de su web y de su canal en YouTube, el documental Chagall. Los años decisivos. 1911-1919, una producción del Museo Guggenheim Bilbao para la Fundación construida a partir de la exposición homónima.

5 octubre, 2018

Exposición

CHAGALL. Los años decisivos, 1911-1919

Marc Chagall, nacido en 1887 en el seno de la comunidad judía en Vitebsk, una localidad del noreste de Bielorrusia, fue uno de los creadores que con más fuerza contribuyó a modelar el arte de una Europa convulsa por la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa. Su universo pictórico sería imposible de comprender sin su traslado a París en 1911, donde durante casi una década bebió del bullir de los ismos para asimilarlos y transformarlos en un estilo absolutamente personal.

Esta etapa fundamental es la que recrea el documental Chagall. Los años decisivos. 1911-1919, creado a partir de la exposición homónima del Museo Guggenheim Bilbao, y ya disponible a través del canal de la Fundación BBVA en YouTube. Esa muestra, que contó con el patrocinio exclusivo de la Fundación, reunió más de 80 pinturas y dibujos realizados en los inicios de su carrera. A través de estas obras, el espectador de cualquier lugar del mundo puede adentrarse ahora en la manera en que Chagall experimenta con los colores, las formas abstractas y geométricas, el movimiento y sus propias ensoñaciones. Y lo hace guiado por tres cicerones de excepción: Juan Ignacio Vidarte, director general del museo; Lucía Aguirre, comisaria de la muestra; y Meret Meyer, vicepresidenta del Comité Chagall y nieta del artista.

El montaje ayuda a comprender la importancia radical de que, al llegar a París, Chagall se instalara en la  Escuela de Arte La Ruche (La Colmena), donde había 140 estudios a los que los artistas podían acceder por un precio módico. Allí convive con artistas de todo el mundo, desde Modigliani a los Delaunay, pasando por Zadkine. Trabajan y colaboran entre ellos y ayudan a relacionarse a un Chagall que no hablaba francés (Sonia Delaunay era ucraniana). Y, sobre todo, allí conoce a Guillaume Apollinaire, el poeta y crítico que enseguida supo reconocer cómo Chagall liberaba los colores de una manera que antes no se había visto y tenía un lenguaje diferente a todo lo que se estaba haciendo en ese momento.

Es el inicio de un viaje vital en el que Chagall, eterno defensor del arte revolucionario y de que la educación y la cultura se extiendan a todos los estratos sociales, hará una amalgama de lo que descubre en el corazón artístico de París para mezclarlo con vivencias de su Vitebsk natal y volcar al lienzo lo que sería su inconfundible lenguaje pictórico.