El viaje alrededor del mundo de Alejandro Malaspina. Las Corbetas del Rey

Montevideo

Refundada el año 1725 por los españoles, Montevideo es una destacada plaza militar, y el principal puerto del estuario.

Uno de los más importantes del territorio del Río de la Plata, con cuya capital, Buenos Aires, la ciudad compite abiertamente. Vigilante, situada en un paraje elevado, la ciudadela domina el contorno. Abajo, la población despliega sus tentáculos bañada por el mar, circundada por una muralla de ocho baluartes. Muros viejos mal conservados, mal tratados por el continuo golpeteo del agua en su ir y venir, incompatibles con la sensación de seguridad que deben transmitir. Montevideo es un punto estratégico en la comunicación con América; en consecuencia, un amplio contingente militar se ocupa de la defensa portuaria. Un destacamento de dragones, un grupo de artilleros, una compañía de infantería, una fragata de guerra y lanchas cañoneras imponen la ley del más fuerte. Del puerto, una ensenada con forma de herradura, distan dos millas escasas hasta la ciudad, cobijo de veinte mil almas, que habitan casas de mampostería distribuidas por sucias calles mal empedradas y arrabales utilizados como mataderos. Los alrededores rebosan de humildes construcciones de piedra, adobe y techos de paja. Sencillos corrales, con cuatro estacas y una cubierta de cuero, salvaguardan el ganado.

El cerro del Pan de Azúcar domina la región occidental cual faro pétreo que es. La estructura granítica de su base refleja la continuidad continental del fondo marino, y las columnas basálticas que sustentan la cima delatan su condición volcánica. Hubiera podido pasar por un esplendoroso jardín botánico poblado de especies como mimosas, ficus, palmeras y rododendros. Cisnes, chorlitos, patos, gaviotas, cormoranes, garzas, gorriones, perdices, buitres, halcones, palomas, colibríes, ciervos, zorros, mofetas, vizcachas se cuentan también entre sus moradores multiplicando la naturaleza. Algunos ejemplares viajarán a Europa disecados, formarán parte de la primera remesa de objetos naturales remitida a Madrid. El estuario tampoco desmerece en su fauna. Lo habitaban jureles, palometas, congrios, corvinas, rayas, sepias, lenguados, meros, bogas, bagres, entre más de treinta especies. Admitámoslo, una naturaleza esplendorosa puebla estos parajes rememorando el mítico Edén.

Amplios arroyos, hermosas alamedas y gigantescas dehesas, donde vagan indolentes los rebaños de vacas y caballos, cubren las cercanías de Montevideo. La ganadería constituye la principal actividad comercial de los lugareños, aprovechando los abundantes pastos distribuidos generosamente por las praderas, donde los animales proliferan sin control. La abundancia es tal que el caballo resulta un medio de transporte generalizado, tanto que ni pobres ni esclavos viajan a pie. Incluso se pide limosna a la grupa de espléndidos corceles, componiendo una imagen surrealista, grotesca. La estrella rutilante de esta pampa es el gaucho. Altivos jinetes de vida errante, erguidos sobre ágiles y resistentes monturas, que viven una existencia nómada e independiente al albur de la naturaleza. Un caballo, un lazo, un pellón, boleadoras, el poncho, un cuchillo envainado sobre la cintura, botas de cuero, camisa de crea y chamarra, un sombrero ancho de cuero en invierno y un pajilla en verano componen la melancólica figura de este seudocentauro pampero, símbolo de una libertad asimilada como filosofía de la vida.

Montevideo es la primera tierra americana que pisa Fabio. La experiencia no le hace gracia. Añora lo que dejó atrás. Modos y maneras de ser y pensar diferentes a las costumbres que usan por estos pagos. Formas alejadas del refinamiento que conoce, impropias del hombre sensible que representa. Ya se acostumbrará. Va disgustado porque le tocó formar parte de la guarnición que custodia las corbetas, mientras el resto de oficiales exploran el territorio, trazan planos, miran al cielo, ponen en hora los relojes, se apropian de la naturaleza, recopilan noticias de ayer y de hoy. La impaciencia es mala consejera. El viaje es largo y pronto tendrá su oportunidad. Si le hacemos caso, educación e instrucción son aspectos absolutamente relajados en esta sociedad de moral disipada, caracterizada por una inacción próxima a la indolencia. Su opinión conviene con el juicio del maestro Pineda, para quien los lugareños gustan del placer de una vida floja y licenciosa, convertida en felicidad adictiva, contraproducente.

Buenos Aires es el otro núcleo urbano de referencia dentro del territorio. Hacia allí se dirige la comitiva expedicionaria. Una pequeña villa nombrada Maldonado es la primera escala. Dista escasamente media legua del mar y su puerto, junto con el de Montevideo, son los únicos amarraderos accesibles a las grandes embarcaciones. El pueblo lo componen sencillas casas distribuidas por una amplia llanura, donde el verde de los pastos compite en luminosidad con la acuosa transparencia de los humedales. Paredes de adobe y techos de paja forman calles rectilíneas, combinadas con frondosos frutales, delimitando un entorno sumamente agradable. En lontananza, el cerro del Pan de Azúcar perfila su cumbre proyectándose sobre la zona. Frecuentes y minúsculas poblaciones adornan sucesivamente el camino hasta la capital. Destaca la del Rosario por ser la ubicación de la caballada real, dedicada al servicio de postas. Río arriba se localiza la colonia del Sacramento. El poblado dista apenas diez leguas de la capital, a donde se llega también navegando cómodamente instalados en una sumaca. Bosques de melocotoneros silvestres circundan la colonia contraponiendo su belleza al yermo panorama del territorio, asolado por las disputas entre españoles e indígenas. La ciudad bonaerense aparece rodeada por hermosas campiñas y fértiles huertas, ocupando una extensa llanura costeada por el río. Sus anchas y polvorientas calles, que durante la época de lluvias forman inmensos lodazales, mantienen un aspecto porquerizo, de vertedero. Igual ocurre con los arrabales, habitual almacén de los putrefactos desechos piscícolas. Es una ciudad insalubre, de pestilencia sofocante. Menos mal que existen los vientos pamperos, pensará el viajero. Aire limpio procedente de los Andes que barre los malos olores y también las embarcaciones amarradas en la ribera. Tal es su violencia.

Sábado 31 de octubre. El grupo regresa a Montevideo. El viaje debe continuar. Antes de partir, los comandantes quieren homenajear a las autoridades por la ayuda recibida. Nada mejor que organizar una fiesta de despedida. Esa noche hubo cena, bebidas y baile hasta bien avanzada la madrugada. Su recuerdo perdurará. Por su buen hacer durante la campaña, la tripulación es recompensada con una paga extra y tres días de permiso. Podrán disfrutar de la celebración popular que se prepara en honor a Carlos IV, el nuevo monarca. Muere el padre, Carlos III, y le sucede el hijo. Es la esencia de la monarquía: a rey muerto rey puesto. Algunos marineros desertaron. Buscan fama y fortuna. No será fácil reemplazarlos. De momento Malaspina goza de la dicha inherente a las cosas bien hechas. Se lo confiesa a Gherardo Rangoni. En poco más de un mes elaboraron la carta general del Río de la Plata, trazaron los planos de Buenos Aires, Maldonado, Montevideo y Sacramento y obtuvieron prolijas noticias de los habitantes y sus recursos. Los naturalistas se aplicaron capturando peces, aves, cuadrúpedos e insectos. Un espléndido herbario y una amplia colección mineralógica completan su tesoro. Los objetos han sido convenientemente tratados, empaquetados y embarcados en el correo Princesa rumbo a Cádiz. ¿Su destino? El madrileño Gabinete de Historia Natural. Los astrónomos trabajaron a destajo. Observaron el giro de las estrellas, estudiaron los movimientos de Júpiter y sus satélites, contemplaron el paso de Mercurio frente al Sol y admiraron la Luna en su eclipse. Tampoco les faltó la salud a los marineros. Son robustos, pero no olvidemos que beben vino de Sanlúcar y comen chucrut elaborado según la receta antiescorbútica del capitán Cook: col cruda condimentada con sal, granos de enebro y anís; la mezcla se deja fermentar y obtenemos un plato suculento. Por si fuera poca felicidad, los relojes, auténtico dolor de cabeza para los navegantes a la hora de determinar la posición del barco y no terminar en la Cochinchina cuando se quiere ir a Madagascar, van como la seda, manteniendo un movimiento sumamente uniforme; no será siempre así. Son de las mejoresmarcas, se cuidan con primor y llevan funcionando poco tiempo; es normal que lo hagan correctamente.

12 de noviembre. Las corbetas no consiguen hacerse a la mar, lo impide el viento contrario. Tres días tardan los barcos en dar vela. Durante la demora hubo nuevas deserciones. Las tripulaciones se completan mediante reclutamiento forzoso, mayormente de vagabundos ignorantes de su suerte; de saberlo, se hubieran escondido. No parece la mejor solución. Huirán a la menor oportunidad. Son las seis de la mañana del domingo 15. El cielo está nublado y un viento bonancible sopla de nornoroeste. La Descubierta inicia la marcha seguida por el bergantín Carmen, que ayudará en las tareas geodésicas hasta donde alcance. La Atrevida se demora algo en suspender el ancla. Lo cuenta el oficial Francisco Viana. Se espera luna nueva en la próxima madrugada.

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© de las imágenes:

Detalle del volcán Chimborazo y la corbeta Atrevida. © Museo Naval, Madrid.
Plano y vista del puerto y la bahía de Cádiz. © Museo Naval, Madrid.
Carlos III. © Museo Naval, Madrid.
Alejandro Malaspina. © Museo Naval, Madrid.
Mapamundi. © Museo Naval, Madrid.
Las Tetas de Biobío. © Museo Naval, Madrid.
Apresto, armamento y pertrechos de las corbetas Descubierta y Atrevida. © Museo de América, Madrid.
Preparación de la expedición. © Museo Naval, Madrid.
José Bustamante y Guerra. © Museo Naval, Madrid.
Dionisio Alcalá Galiano. © Museo Naval, Madrid.
Antonio Pineda. © Museo Naval, Madrid.
Luis Neé. © Museo Naval, Madrid.
Caja de instrumentos de dibujo perteneciente a Felipe Bauzá. © Museo Naval, Madrid.
Herbario de Luis Neé (3 fotos). © Archivo del Real Jardín Botánico-CSIC.
Reloj de longitudes. © Museo Naval, Madrid.
Sextante. © Museo Naval, Madrid.
Arsenal de la Carraca. © Museo Naval, Madrid.
Maqueta de la corbeta Descubierta. © Museo Naval, Madrid.
Cecropia. © Archivo del Real Jardín Botánico-CSIC.
Animales acuáticos. © Museo de América, Madrid.
Manuscrito de Tadeo Haenke. © Archivo del Real Jardín Botánico-CSIC.
Palmera de Tipuani. © Archivo del Real Jardín Botánico-CSIC.
Costa noroeste. © Museo Naval, Madrid.
La Descubierta en la isla de San Ambrosio. © Museo Naval, Madrid.
Fondeadero de El Realejo y volcán El Viejo. © Museo de América, Madrid.
Pez ballesta. © Museo Naval, Madrid.
Tortuga y pez. © Museo Naval, Madrid.
Gusano del pan. © Museo Naval, Madrid.
Molusco cefalópodo. © Museo Naval, Madrid.
Gaviotín. © Museo Naval, Madrid.
Plano de Montevideo. © Museo Naval, Madrid.
Martín pescador. © Museo Naval, Madrid.
Puma. © Museo Naval, Madrid.
Modo de enlazar el ganado. © Museo Naval, Madrid.
Señoras de Montevideo. © Museo Naval, Madrid.
Buenos Aires desde el río. © Museo Naval, Madrid.
Buenos Aires desde el camino de las carretas. © Museo Naval, Madrid.
Algarropa. © Museo Naval, Madrid.
Ganso. © Museo Naval, Madrid.
Patagona. © Museo Naval, Madrid.
Reunión con los patagones. © Museo Naval, Madrid.
Puerto Deseado. © Museo Naval, Madrid.
Carta esférica de las costas de la América meridional. © Museo Naval, Madrid.
Péndulo simple. © Museo Naval, Madrid.
Establecimiento de la Soledad en las islas Malvinas. © Museo Naval, Madrid.
Banca de hielo. © Museo Naval, Madrid.
La corbeta Atrevida entre bloques de hielo. © Museo Naval, Madrid.
Perdicium. © Archivo del Real Jardín Botánico-CSIC.
Catiguala y su hijo. © Museo Naval, Madrid.
Santiago de Chile. © Museo Naval, Madrid.
Puente de Calicanto. © Museo Naval, Madrid.
Lapageria rosea. © Archivo del Real Jardín Botánico-CSIC.
Tadeo Haenke. Dibujo de V. R. Grüner, reproducido del libro Trabajos científicos y correspondencia de Tadeo Haenke, de M.ª Victoria Ibáñez (ed.), (Madrid: Lunwerg, 1992).
Arnica peruana. © Archivo del Real Jardín Botánico-CSIC.
Volcán de Arequipa. © Archivo del Real Jardín Botánico-CSIC.
Dos panorámicas del puerto de Valparaíso. © Museo Naval, Madrid.
Tabla de colores. © Archivo del Real Jardín Botánico-CSIC.
Isla de San Ambrosio. © Museo Naval, Madrid.
Embarcación de Arica. © Museo de América, Madrid.
Lycopersicon chilense. © Archivo del Real Jardín Botánico-CSIC.
Mulata de Lima. © Museo de América, Madrid.
Paseo del Agua en Lima. © Museo Naval, Madrid.
Passiflora. © Archivo del Real Jardín Botánico-CSIC.
Plano del fondeadero de El Callao. © Museo Naval, Madrid.
Indio casibo e indio chispeo. © Museo de América, Madrid.
Herbario. © Archivo del Real Jardín Botánico-CSIC.
Bignonia. © Archivo del Real Jardín Botánico-CSIC.
Martinete coronado. © Museo Naval, Madrid.
José del Pozo. Dibujo en paradero desconocido, reproducido del libro Los pintores de la expedición de Alejandro Malaspina, de Carmen Sotos (Madrid: Real Academia de la Historia, 1982).
La ciudad de Guayaquil. © Museo de América, Madrid.
Charrán. © Museo Naval, Madrid.
El volcán Chimborazo y el río Guayaquil. © Museo de América, Madrid.
Hibiscus tiliaceus. © Archivo del Real Jardín Botánico-CSIC.
La ciudad de Panamá vista desde la isla de Naos. © Museo Naval, Madrid.
Isla y puerto de Taboga. © Museo de América, Madrid.
Pez gallo. © Museo Naval, Madrid.
El Realejo. © Museo Naval, Madrid.
Fondeadero de El Realejo y volcán El Viejo. © Museo de América, Madrid.
Mujeres de El Realejo. © Museo de América, Madrid.
Puerto de Acapulco. © Museo Naval, Madrid.
Tortuga verde. © Museo Naval, Madrid.
Vista de la bahía y puerto de Acapulco. © Museo Naval, Madrid.
Plumeria. © Archivo del Real Jardín Botánico-CSIC.
Chaetodon amarillo. © Museo Naval, Madrid.
Pira y sepulcro en puerto Mulgrave. © Museo Naval, Madrid.
Indio de Mulgrave. © Museo de América, Madrid.
Tetrao lagopus, variedad americana. © Museo Naval, Madrid.
India de Mulgrave. © Museo Naval, Madrid.
Puerto del Desengaño. © Museo Naval, Madrid.
Carta esférica de los reconocimientos hechos en 1792 en la costa noroeste. © Museo Naval, Madrid.
Las corbetas Descubierta y Atrevida en la costa noroeste. © Museo de América, Madrid.
Playa y establecimiento de Nutka. © Museo Naval, Madrid.
Baile en la playa de Nutka. © Museo Naval, Madrid.
Vista del canal de Vernacci y una gran cascada. © Museo de América, Madrid.
Macuina. © Museo de América, Madrid.
Playa de Nutka. © Museo Naval, Madrid.
Pájaro carpintero. © Museo Naval, Madrid.
Crassulaceae. © Archivo del Real Jardín Botánico-CSIC.
Mapache. © Museo Naval, Madrid.
Modo de pelear de los indios de California. © Museo Naval, Madrid.
Población y puerto de Acapulco. © Museo de América, Madrid.
Puerto de Acapulco. © Museo Naval, Madrid.
Indios mexicanos. © Museo de América, Madrid.
Ciudad de Acapulco y fondeadero. © Museo Naval, Madrid.
Cascada de Querétaro. © Museo de América, Madrid.
Indias mexicanas. © Museo Naval, Madrid.
Indias tejiendo. © Museo de América, Madrid.
Plaza Mayor de México. © Museo Naval, Madrid.
Ajolote (dos fotos). © Museo Naval, Madrid.
Dahlia rosea. © Archivo del Real Jardín Botánico-CSIC.
Querétaro. © Museo de América, Madrid.
Zaragates de México. © Museo de América, Madrid.
Helecho. © Archivo del Real Jardín Botánico-CSIC.
Iguana y lagartija de Panamá y Acapulco. © Museo Naval, Madrid.
Serpiente de coral. © Museo Naval, Madrid.
Insectos. © Museo Naval, Madrid.
Oso hormiguero. © Museo Naval, Madrid.
Agave. © Archivo del Real Jardín Botánico-CSIC.
Usteria scandens. © Archivo del Real Jardín Botánico-CSIC.
México visto desde Guadalupe. © Museo de América, Madrid.
Las goletas Sutil y Mexicana. © Museo Naval, Madrid.
Canal de Salamanca. © Museo Naval, Madrid.
Vista del puerto de Palapa. © Museo de América, Madrid.
Puerto de Sorsogón. © Museo Naval, Madrid.
Volcán de Albay. © Museo Naval, Madrid.
Nativo de la isla de Guam. © Museo Naval, Madrid.
Plaza de San Francisco, en Manila. © Museo Naval, Madrid.
Negra de Manila. © Museo de América, Madrid.
Macao. © Museo Naval, Madrid.
Chino. © Museo de América, Madrid.
Pagoda chinesca. © Museo Naval, Madrid.
Delfín. © Museo de América, Madrid.
Muerte de Antonio Pineda. © Museo Naval, Madrid.
Dugongo. © Museo de América, Madrid.
Zamboanga. © Museo Naval, Madrid.
Hombre y mujer de Nueva Holanda (dos fotos). © Museo Naval, Madrid.
Colonia de Parramata. © Museo Naval, Madrid.
Colonia de Sídney. © Museo Naval, Madrid.
Recibimiento de los oficiales en bahía Botánica. © Museo de América, Madrid.
Baile de las mujeres en Vavao. © Museo Naval, Madrid.
Mujeres mariscando. © Museo de América, Madrid.
Malaspina acompañado de dos nativas. © Museo de América, Madrid.
Mujer tendida en una hamaca. © Museo de América, Madrid.
Aguada de las corbetas en la isla Vavao. © Museo de América, Madrid.
Paso de los Andes de Santiago a Mendoza. © Museo Naval, Madrid.
La corbeta Atrevida entre bancas de hielo. © Museo Naval, Madrid.
Colonia del Sacramento. © Museo Naval, Madrid.
La ciudad de Cádiz contemplada desde el castillo de San Sebastián. © Museo Naval, Madrid.
Alejandro Malaspina. © Museo Naval, Madrid.
Castillo de San Antón. © José Manuel Candales/Museo Militar de A Coruña.
Antonio Valdés. © Museo Naval, Madrid.
Retrato de Carlos IV. © Museo Naval, Madrid.
Castello di Mulazzo. Dibujo de Eugenio Branchi, reproducido del libro L’album della lunigiana di Eugenio Branchi, de Dario Manfredi (ed.), (Pontremoli: Paolo Salvi, 2008).
Alejandro Malaspina. Dibujo de Eugenio Branchi, reproducido del libro L’album della lunigiana di Eugenio Branchi, de Dario Manfredi (ed.), (Pontremoli: Paolo Salvi, 2008).
Indio guagua. © Museo de América, Madrid.
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