V ciclo de Conferencias Historia de las Ideas

Carmen Iglesias: “El talento y el mérito ligados al trabajo y como palanca de ascenso social marcaron en el siglo XIX la liberalización del individuo”

El Ciclo de Conferencias Historia de las Ideas, organizado por la Real Academia de la Historia y la Fundación BBVA, inicia su quinta edición con una serie de cuatro ponencias centradas en la segunda mitad del siglo XIX, consolidando la vuelta a la presencialidad en la sede madrileña de la Fundación, el Palacio del Marqués de Salamanca. La directora de la Real Academia de la Historia, Carmen Iglesias, ha inaugurado el ciclo con la conferencia ‘Del animal ladino al homo faber. Ideas del progreso, trabajo y ocio en la Revolución industrial y en la era científico-técnica’.

17 noviembre, 2021

Conferencia

Ciclo Hª de las Ideas

Del «animal ladino» al homo faber. Ideas de progreso, trabajo y ocio en la Revolución industrial y en la era científico-técnica.

La profesora Iglesias destaca que las ideas que atraviesan la segunda mitad del siglo XIX –progreso, trabajo y ciencia- han marcado también el siglo XX y siguen vigentes en el siglo XXI, si bien advierte del peligro de cuestionar algunos conceptos estrechamente ligados a ellas, como el mérito.

Bajo el título general de El siglo del liberalismo y la era de las revoluciones: segunda mitad del siglo XIX, la quinta edición del ciclo analizará cuestiones como la revolución industrial en la era científico-técnica, nación y nacionalismo, realismo social o la ciencia empírica frente a los delirios de la razón absoluta.

Carmen Iglesias señala que es una época marcada por revoluciones políticas que llevan a guerras políticas, y que transcurren en paralelo a la primera revolución industrial. “Las revoluciones de esta época son derivaciones de la de 1789. Estamos en un cambio de ciclo que se ve marcado por la primera gran revolución industrial con la máquina de vapor y la aplicación de la tecnología a la producción industrial, que es en sí mismo algo revolucionario. Todo ello atravesado por dos ideas, el progreso y el trabajo, que no solo influyen en el siglo XIX, sino que, junto a la ciencia, son claves en todo el XX y llegan hasta el siglo XXI aunque sea con cambios importantes”.

“Se trata de que estamos en un siglo que no solo acepta, sino que se entusiasma con lo nuevo, y el progreso se convierte en un artículo de fe; es una idea guía con un sentido lineal, y no solo como progreso material, sino incluso moral, que de forma simplificada, se traduce en las virtudes victorianas ligadas al trabajo: puntualidad y disciplina. Sin embargo, asumían que supusiera también que mujeres y niños trabajaran de sol a sol”.

Progreso y trabajo van unidos. El trabajo está en el centro, “hasta el punto de que vivir es trabajar, producir. Se entiende que el ser humano empieza a crecer como tal en el momento en que es capaz de crear utensilios, utilizar herramientas y máquinas. Es algo que se resume en una imagen icónica de la historia del cine: la del mono que lanza un hueso al aire en Odisea del espacio 2001, de Kubrick”.

Aunque el homo faber, el hombre moderno, se encuentra ya a partir del descubrimiento del fuego y de las posteriores invenciones, empezando por la rueda, el trabajo en el sentido moderno está ligado a las máquinas y a la primera revolución industrial. “En la segunda mitad de siglo XIX se pasa de un trabajo enfocado a dominar el entorno a otro dirigido por la disciplina. Aquí hay otro referente cinematográfico que lo ilustra: Tiempos modernos, de Chaplin. El salto del animal ladino al homo faber es el salto a la civilización. Eso unido a las clases trabajadoras, que también es un término nuevo”.

La revolución industrial viene marcada además por la utilización masiva del carbón como fuente de energía que multiplica exponencialmente la producción.

Aunque como la profesora Iglesias añade, “el siglo XX se encargará más tarde de desmentir que el progreso sea siempre lineal e ilimitado, en el XXI estamos llegando a que se cuestionen algunos de los grandes principios de esta época”.

Se refiere en concreto a que junto a las revoluciones políticas e industrial, en la segunda mitad del siglo XIX se produce un gran cambio en la estructura social que viene dado por la vinculación del trabajo con el aprovechamiento del talento, el mérito. “Prosperar social y económicamente ya no dependía solo del origen o estatus social, sino de los propios méritos. Se trata de que el ser humano que puede acceder a la educación tiene mayores posibilidades. Quizá lo que más me impresiona del siglo XXI es que se esté poniendo en cuestión el gran avance que supuso pasar del nacimiento al mérito como palanca para prosperar socialmente. Fue la liberalización del individuo”.

“Este cuestionamiento del mérito se está entrecruzando con el cuestionamiento de los hechos mismos, algo que como advierte Gerald Holton, Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Humanidades, conlleva un alto riesgo. Los historiadores hablamos en negativo del presentismo, es decir, desconocer el pasado, negar la historia y las humanidades cuando sin ellas no es posible el avance”.