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Ha impartido la última conferencia del ciclo "LOGOS. Visiones del mundo clásico"

Jaime Siles presenta la poesía latina entre la República y el Imperio, “un laboratorio en miniatura de la modernidad”

“En el periodo histórico que se extiende desde los últimos años de la República hasta el final del Principado de Augusto en el 14 d. C, la poesía latina experimenta tantos cambios de noción dominante como la política y la sociedad romana de la época; tantos, que puede verse como un laboratorio en miniatura de no pocas de las ideas políticas y poéticas de la modernidad”. Así lo afirma Jaime Siles, catedrático emérito de Filología Latina en la Universitat de València, que el 17 de noviembre ha impartido la última conferencia del ciclo LOGOS.

17 noviembre, 2022

Conferencia

La poesía latina entre la República y el Imperio

17 de noviembre a las 19:30 h

“Entre el año 60 antes de Cristo y el 17 después de Cristo se produce una renovación de la moral antigua latina y una revolución estética, porque se pasó de una poesía al servicio del Estado y con una función social a una poesía de sentimientos y de la experiencia personal”, explica Jaime Siles.

Es un momento creativo “cuya variedad y riqueza constituyen y configuran la base y el punto de partida de la poesía occidental”, marcado por hitos como “los poemas de Catulo, o el De rerum natura de Lucrecio, donde expone la doctrina de Epicuro. A continuación vendrán los poetas del periodo imperial, sobre todo, Horacio y Virgilio; y los tres grandes elegíacos, Tibulo, Propercio y Ovidio. Mientras que los dos primeros escriben solo elegías, Ovidio es también el autor de las Metamorfosis -que tiene una gran trascendencia en la historia de la poesía y de las artes plásticas en todo Occidente- o las Heroidas, donde pone en boca de heroínas cartas de amor”.

Esta eclosión se produce en un contexto de profundos cambios políticos y sociales, “donde la moral primitiva, el mors maiorum, empieza a resquebrajarse a medida que la República se queda arcaica para administrar sus conquistas desde el siglo II, que acaban alcanzando a todo el Mediterráneo e Hispania”. Se produce “una emancipación de la mujer”, destaca Siles, y “un reblandecimiento de los cimientos sobre los que la sociedad romana estaba asentada. Surge así una idea del yo, en un proceso paralelo a la desconfianza en el Estado, que ha incumplido varias veces la Constitución, ha pasado por dos dictaduras -la de Sila y la de Mario- y ha producido varias guerras civiles. Esa nueva sociedad es la que produce la gran lírica del final del siglo I antes de Cristo”.

“Cuando la República cae y se produce el ascenso de Augusto, este se presenta a sí mismo como un refundador de la ciudad. Y para ello lleva a cabo una política de monumentalización, con grandes construcciones, casi faraónicas, y con un deseo de romanizarlo todo, de que la influencia griega no sea superior al sentimiento romano”, relata el catedrático. “Es ahí donde necesita a Mecenas como ministro de prensa y propaganda y este reúne en su círculo a los poetas que van a hacer posible la creencia en las políticas de Augusto. La Eneida, de Virgilio, vincula la figura de Octavio, que ya es Augusto, con el origen troyano de la fundación de Roma mediante Eneas. Sus relatos servirán de formación en el espíritu nacional a la mayoría de los niños en el Imperio. Horacio refunda la métrica latina y la conecta con la gran poesía arcaica de Safo, Arquíloco y Alceo. Propercio hace una poesía de la sublimación amorosa que viene muy bien a las duras normas sobre el matrimonio que impuso Augusto”.

Ecos que recorren la historia

La influencia de este periodo político y literario llegan hasta nuestros días, razona Siles. “Esa dictadura disfrazada que lleva a cabo Augusto es seguida después por nada menos que Mussolini, que quiere ser el tercer fundador de Roma, tras Eneas y Octavio Augusto. De hecho, la marcha de los camisas negras sobre Roma para la toma del Parlamento la hace el mismo día que Augusto la suya. Luego intenta imitarlo con las conquistas y por eso invade Etiopía; e impulsa una arquitectura triunfalista, emulando también en esto al emperador”.

Pero no se trata solo de Italia: “La Constitución romana fue seguida por los juristas alemanes para redactar la Constitución de Weimar antes de la Segunda Guerra Mundial, con disposiciones que permiten, en caso de necesidad, la dictadura. Ese es el modelo que trajo a España la Segunda República y en cuyo marco jurídico se apoyó Franco para intentar dar un aire legal y jurídico a su propia dictadura”.

En el orden poético el impacto es aún mayor. “Cuando Catulo introduce el yo en la poesía, todo cambia”, indica Siles. “Por su parte, la elegía romana es el canal de expresión de un individuo mucho más moderno que el que traslucen sus precedentes griegos. Esa elegía es la que será recogida por el Renacimiento y el Barroco; por ejemplo, como hizo notar Borges, la influencia de Propercio sobre Quevedo es muy clara. El yo lírico lo explotarán mucho los románticos, sobre todo los alemanes. Se dan cuenta de que en Aristóteles hay épica, tragedia y comedia, pero no lírica y que será ese género el que les permita innovar; y por eso dan al epigrama y la elegía el impulso y el desarrollo que llega hasta nuestro días”.