esenciales_31_1600x650

ESENCIALES Nº 45 POSICIÓN DE ESPAÑA ENTRE LAS UNIVERSIDADES MÁS DESTACADAS INTERNACIONALMENTE

Los menores recursos financieros, producción científica y colaboración empresarial limitan el desarrollo internacional de las universidades españolas, que están por debajo del 4% en alumnos y profesores extranjeros

Un buen número de universidades españolas aparecen en los rankings internacionales pero no se sitúan entre las cien primeras, ni siquiera las más potentes. Aunque el sistema universitario español (SUE) se encuentra alineado con los de los países a los que pertenecen las universidades mundiales de referencia en cuanto a dimensión, tasas de población joven matriculada, estructura del alumnado por niveles de estudio y dotación de profesorado por alumno, no posiciona a sus universidades a la cabeza de dichos rankings. Sus debilidades frente a los líderes globales aparecen en la disponibilidad de recursos financieros –el gasto español en universidades es del 1,1% del PIB, muy alejado del 2,5% en los Estados Unidos y del 1,5% de otros países–; menor productividad investigadora y de menor impacto; menos colaboración con las empresas, escasa internacionalización del profesorado -solo 3%- y del alumnado, un 3,7% es extranjero frente al 7,5% de media en las universidades de la UE. Además en España los titulados registran mayor desempleo y un porcentaje elevado están ocupados en trabajos poco cualificados. Contar con líderes mundiales requiere mejoras en estos ámbitos y ofrecer oportunidades diferentes a las instituciones con posibilidades de competir globalmente.

20 diciembre, 2021

Los rankings internacionales clasifican a más de 1.500 universidades, una pequeña parte de las más de 19.400 instituciones de educación superior del mundo. Más de 50 universidades españolas aparecen en ellos, pero solo a partir de las 100 primeras posiciones. Encabezan los distintos rankings las universidades que son la referencia por su liderazgo investigador y docente, y por sus aportaciones a los grandes problemas del mundo actual: cambio climático, salud global, digitalización, etc. En las 100 primeras posiciones de las tres clasificaciones más reconocidas –Academic Ranking of World Universities (ARWU), QS World University Rankings y Times Higher Education World University Rankings (THE)– aparecen universidades de 18 países, pero ninguna de España. Las instituciones de EE. UU. y  Reino Unido concentran 50 de las 100 primeras posiciones y representan la mayor parte de la élite mundial de las universidades líderes, con la U. de Standford a la cabeza. Pero también tienen un lugar universidades de los Países Bajos (7), China (6), Australia (6), Suiza (5), Canadá (4), Alemania (3), Suecia (3), Hong Kong (3), Corea del Sur (3), Francia (3), Japón (2) y Singapur (2), y al menos una de Dinamarca, Bélgica, Finlandia y Noruega.

La monografía Universidades líderes en el mundo. El posicionamiento de España identifica los rasgos de esas instituciones globales y sus sistemas universitarios. Se caracterizan por su excelencia e internacionalización en el ámbito académico –tanto docente como investigador–; también por sus abundantes recursos económicos, potentes relaciones con el entorno empresarial y fuerte presencia social; y por su compromiso con la búsqueda de soluciones a los problemas que preocupan a sus países y al mundo. De esta forma, alcanzan reconocimiento más allá de sus fronteras y atraen talento investigador, docente y discente. Dentro de esos rasgos generales, el estudio diferencia siete categorías de instituciones cuyas características pueden ser identificadas en el cuadro adjunto.

España no cuenta con ninguna universidad en estos grupos líderes y sus universidades con mayor proyección nacional e internacional están muy alejadas de los recursos y resultados de la élite mundial, formada por las universidades del primero de los siete grupos. Pero la distancia de las líderes nacionales españolas es menor si se comparan con las instituciones de algunos de los otros seis grupos, que no parecen tan inalcanzables. Las 16 instituciones del SUE que se acercan en determinados aspectos a las universidades globales forman dos grupos. El primero, grandes universidades metropolitanas, está integrado por 9 universidades con gran número de alumnos y una amplia oferta de titulaciones (U. de Barcelona, Autònoma de Barcelona, Complutense de Madrid, Autónoma de Madrid, Granada, País Vasco, Pompeu Fabra, Sevilla y Valencia). El segundo por 7 universidades especializadas en ciertos campos científicos como la ingeniería o las ciencias sociales (U. de Alcalá, Carlos III de Madrid, Navarra, Salamanca y Politécnicas de Cataluña, Madrid y Valencia). Solo la U. de Navarra es privada.

Comparadas con las universidades identificadas como líderes mundiales, las que destacan en España cuentan con menos recursos económicos, están menos internacionalizadas, tanto en sus recursos humanos –alumnos y profesores– como en sus actividades, producen menos investigación y la que realizan tiene menor relevancia, si se consideran las citas que reciben. Pese a tener presencia internacional, sus recursos, proyección y reputación no llega a convertirlas en universidades de referencia globales.

La limitación de las universidades líderes españolas para alcanzar esa meta no es la falta de tamaño, pues tienen más alumnos que la mayoría de las líderes globales. Frente a los 15.069 de media de las líderes mundiales, la media de estudiantes de las universidades metropolitanas españolas es de 43.731 estudiantes y la de las especializadas 23.108. Tampoco es una limitación la inserción de sus investigadores en las redes internacionales: las grandes metropolitanas españolas se acercan al porcentaje de publicaciones con colaboración internacional de las líderes (57,3 % frente a 62,6%)  y superan ampliamente el del grupo de las universidades asiáticas (33,6%). Pero la insercion internacional de los investigadores de este grupo de universidades no va acompañada de una suficiente presencia entre los más altamente citados y con mayor impacto, ni por una presencia internacional significativa en las plantillas de las mismas.

Por su parte, las universidades españolas especializadas cuentan con dotaciones de profesorado por alumno más altas que las de algunos grupos líderes (8,1 profesores por cada 100 alumnos, frente a los 5 o 6,1 de las universidades anglosajonas grandes y las europeas con investigación fuertemente internacionalizada, respectivamente). Pero esos recursos humanos más abundantes van acompañados de menos recursos financieros, y niveles salariales bajos en comparación con los de las líderes y poco diferenciados para captar y retener  talento con éxito. Poder ofertar salarios adecuados es una condición imprescindible para contar con investigadores capaces de obtener resultados equivalentes a los de las universidades globales. Pese a ello, es alentador que las universidades españolas especializadas destaquen por la intensidad de sus relaciones con el entorno económico: un 7,2% de sus publicaciones se desarrollan en colaboración con la industria, un dato que supera el de las norteamericanas y las anglosajonas grandes, las asiáticas y las anglosajonas pequeñas.

Una debilidad de las universidades españolas  aparece en los recursos financieros que manejan. El porcentaje del PIB destinado a gasto en instituciones universitarias se sitúa en el 1,1% en España, menos de la mitad que en los EE. UU. (2,5%) y muy por debajo de Canadá, Australia, Corea, los Países Bajos y Reino Unido, todos por encima del 1,5%. Otro factor en el que el SUE muestra debilidades es la escasa internacionalización del alumnado y el profesorado. En España solo el 3,7% de los alumnos son extranjeros, frente a la media del 7,5% de la UE22 y, mientras el Reino Unido o Suiza ya contaban en 2016 con una cuota de profesores extranjeros del 45% y 30%, respectivamente, en España el porcentaje en el curso 2019-2020  era del 3%.

Entre el aLumnado, la internacionalización va avanzando en España en los másteres y doctorados, en los que el porcentaje de estudiantes extranjeros  alcanza ya el 10,8% y el 18,3%, respectivamente, pero es muy baja en los grados (1,5%). Las mejores universidades españolas han avanzado más –el grupo de metropolitanas cuenta con un 10,9% de estudiantes internacionales y las especializadas llegan al 16,3%–, pero están lejos del grupo de élite de las universidades globales, que tiene tasas de internacionalización de su alumnado del 36,5%.

Entre el profesorado de las líderes nacionales españolas la internacionalización es más limitada todavía, con solo un 3% de docentes extranjeros. Este promedio muestra algunas excepciones, como IE Universidad, con un 35% de profesorado extranjero o la Universitat Pompeu Fabra (15,5%). Pero falta cultura de abrir las plantillas al exterior y el marco normativo se caracteriza por la rigidez contractual y salarial, mientras para competir por el talento mundial se necesita flexibilidad y diferenciación en función de los resultados. Las excepciones en este sentido existen –ICREA, IKERBASQUE– y demuestran que no es imposible hacerlo, pero se requiere visión,  recursos financieros adecuados y políticas duraderas para ofrecer resultados.

También la producción científica por profesor es mucho menor en las universidades españolas –incluso en las mejores–, especialmente en cuanto a presencia en las publicaciones más citadas. Además, la universidad colabora menos con las empresas y sus titulados tienen más dificultades de inserción laboral. Mientras la tasa de desempleo de los titulados superiores es del 8,1% en España no llega al 2% de Alemania o Japón, y el porcentaje de universitarios ocupados en trabajos poco cualificados es más alto.

Estrategias para competir con las líderes

Para una universidad española, aspirar a convertirse en global solo tiene sentido si ya está cerca de los indicadores de las líderes. En primer lugar debe tener un potente perfil investigador y una importante  internacionalización de sus actividades, recursos y resultados. En segundo lugar, ha de contar con instrumentos y la cultura que le permitan competir por el talento mundial, a través de criterios de selección del profesorado y el alumnado estrictamente meritocráticos. Las estrategias en este sentido de las universidades españolas están poco desarrolladas, sobre todo en el ámbito del profesorado.

Las universidades que aspiren a desarrollar estas estrategias han de poder diferenciarse de otras universidades del SUE, compitiendo por recursos adicionales para usarlos con mayor agilidad. Avanzar en esas direcciones exige flexibilidad regulatoria, mayor autonomía y un modelo de gobernanza de las universidades distinto, más profesionalizado, acompañado de más recursos competitivos, una mejor rendición de cuentas –rigurosa y con consecuencias–  y una evaluación de la calidad de los servicios.

Más allá del objetivo de posicionar instituciones españolas en el grupo de las universidades globales, el conjunto del SUE se enfrenta a tres retos que todas las universidades deben afrontar, no solo las líderes: los cambios acelerados en el mapa de los conocimientos; la digitalización de las actividades universitarias y  de las profesiones de los titulados; y una internacionalización cada vez más global de la docencia y la investigación. Estas tres poderosas corrientes de cambio exigen de las universidades esfuerzo de adaptación de sus actividades, profundas  transformaciones organizativas y cambios en los criterios de selección y formación de sus recursos  humanos.  Sin todas esas reformas, el desempeño de las funciones que la sociedad necesita  de las universidades será  insuficiente y la  supervivencia de algunas de ellas estará amenazada.

 

Para ampliar esta información puede consultarse la monografía: Universidades líderes en el mundo. El posicionamiento de España (Fundación BBVA, 2021).