Durante la segunda mitad del siglo XX, la aparición y uso masivo de los antibióticos y el uso extensivo de las vacunas permitieron a las sociedades más desarrolladas erradicar enfermedades como la difteria, el tétanos o la tos ferina. Sin embargo, en los últimos años se ha producido un rebrote de enfermedades infecciosas frente a las que las vacunas tradicionales no resultan efectivas y que han desarrollado resistencias frente a los antibióticos u otros fármacos.

Las enfermedades respiratorias, como el síndrome de estrés respiratorio o la tuberculosis, y parasitarias, como la malaria, la enfermedad de Chagas, la enfermedad del sueño o la leishmaniasis, suponen una amenaza directa para casi mil millones de personas en todo el mundo y causan más de 12 millones de víctimas al año.