Javier García Zubía
PREMIO DE INVESTIGACIÓN SOCIEDAD CIENTÍFICA INFORMÁTICA DE ESPAÑA-FUNDACIÓN BBVA
Premio Ramón Llull
2026
Por su trayectoria destacada en innovación educativa y su contribución a la democratización en el acceso a la informática a través de la WebLab-Deusto, que permite a estudiantes de todo el planeta programar e interactuar con sistemas digitales reales a distancia.
CONTRIBUCIÓN
Javier García Zubía, catedrático de Arquitectura y Tecnología de Computadores de la Universidad de Deusto, ha sido galardonado por su trayectoria en innovación educativa a través de la experimentación remota. Es el líder de WebLab-Deusto, un novedoso sistema de gestión de laboratorios remotos diseñado y desplegado a escala internacional, a partir del cual nacieron proyectos de consolidación de laboratorios remotos en Europa y países como Marruecos, Ucrania, Brasil y Argentina. Es también cocreador de LabsLand, una start-up con sedes en Estados Unidos y España, presente en 90 países y en cuyos experimentos remotos han participado más de 2.000 instituciones académicas.
Otro ejemplo significativo del impacto de su trabajo es el Proyecto R3: Rural, Remoto y Real, a través del cual más de 1.000 alumnos del entorno rural —donde la falta de equipamiento es crítica— han podido desarrollar capacidades STEM de la mano de 100 profesores, minimizando así la desventaja frente a centros urbanos.
García Zubía evoca a Max Planck, «quien decía que un experimento es una pregunta que le haces a la naturaleza y el resultado es la respuesta que esta te devuelve. El experimento remoto es real, todo lo que sucede es real, pero el equipo no está delante del alumno, sino en Sudáfrica o en Estados Uni- dos. Cuando en un instituto quieres enseñar a programar un robot o una universidad necesita emplear FPGA (del inglés Field Programmable Gate Array), unos dispositivos que se usan en programación y son caros, el experimento remoto es la mejor solución. Al estar mediado por internet es accesible las 24 horas al día; no se estropea nunca —y si lo hace se puede reponer con facilidad por otro—; y es escalable por su propia naturaleza informática, es decir, su uso puede pasar fácilmente de miles a cientos de miles de alumnos. Además, son sistemas sostenibles porque un colegio o una universidad no tiene por qué comprar un equipo que vale miles de euros para usarlo solo unos días, semanas o meses al año».
«Mi interés por la experimentación remota nació en la carrera de Informática», asevera, «porque en una asignatura teníamos que diseñar máquinas informáticas y éramos muchos alumnos y pocas prácticas. Así que hicimos de la necesidad virtud y un compañero propuso buscar un modo para acceder remotamente a los FPGA. Esa fue la solución a mi problema y el comienzo de mi carrera investigadora». Una carrera centrada en un campo del que aprecia en particular que «fomenta la equidad y democratiza el acceso a la ciencia, informática o no, ya que permite a los alumnos hacer experimentos reales, conversar con la naturaleza como decía Planck, aunque no tengan laboratorio».