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Así limita el cerebro nuestros círculos de amistad

La capacidad del ser humano para mantener relaciones de amistad está limitada por la cantidad de tiempo y esfuerzo mental que podemos dedicar a las mismas. Tanto nuestro número de amigos, como la mayor o menor intensidad de nuestras relaciones con ellos, dependen del tamaño y la capacidad cognitiva de nuestro cerebro. Esta es la principal conclusión de un estudio que acaba de publicar un grupo de investigadores de la Universidad Carlos III (UC3M) de Madrid en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), tras recibir en 2016 el apoyo de una de las Ayudas a Equipos de Investigación Científica de la Fundación BBVA en el área de Economía y Sociedad Digital.

24 julio, 2018

Ayudas a Equipos de Investigación Científica en Economía y Sociedad Digital 2016

Proyecto DUNDIG

Ficha

El proyecto DUNDIG, cuyo investigador principal es el catedrático de Matemáticas de la UC3M Anxo Sánchez, parte de la premisa de que las redes sociales y las nuevas tecnologías han configurado una realidad social en la que las relaciones interpersonales han aumentado en número: estamos conectados con más personas. Sin embargo, basados en la Teoría del Cerebro Social del antropólogo británico Robin Dunbar, su objetivo es demostrar que la capacidad para mantener relaciones significativas –marcadas por un conocimiento mutuo y un trato de reciprocidad– es limitada y está condicionada por el tamaño y la capacidad cognitiva del cerebro.

Dunbar comprobó que, en primates, existía una correlación clara entre el tamaño del cerebro (concretamente, en el córtex frontal) y los grupos con los que se relacionan nuestros parientes más cercanos en el reino animal. En concreto, este antropólogo de la Universidad de Oxford descubrió que las diversas especies de primates, dependiendo de su capacidad cognitiva, suelen tener entre 20 y 60 amistades. “Al extrapolar esta correlación a nuestra especie, su modelo estableció que el ser humano tendría un número de amistades de en torno a 150 personas, el llamado ‘número de Dunbar’, que predice el límite de amigos que puede manejar nuestro cerebro”, explica Sánchez.

Además, según predice el modelo del profesor Dunbar, nuestras amistades se dividen en capas o círculos de mayor o menor intensidad: contamos con un promedio de 3 ó 5 personas con las que tenemos una relación muy estrecha (amigos íntimos y/o familia), alrededor de 10 buenas amistades, un grupo más amplio de unas 30-35 personas con las que tratamos frecuentemente y un centenar de conocidos en nuestro día a día.

“Pero hasta ahora”, explica Sánchez, “había muy poca evidencia empírica para los círculos de Dunbar. Por eso, el objetivo de nuestro proyecto es intentar verificarlo con datos reales, y eso es lo que estamos logrando”.

La amistades íntimas en comunidades de inmigrantes

En el estudio que publica PNAS, uno de cuyos firmantes es el propio Robin Dunbar, los investigadores han comprobado que en comunidades pequeñas –por ejemplo de inmigrantes–, cuando hay pocas personas accesibles para establecer una relación, se amplía el círculo de amistades más íntimas entre la gente disponible: “Es la primera vez, hasta donde sabemos, que una teoría puramente matemática predice un fenómeno o estructura social”, señala Sánchez.

Algo similar ocurre a la inversa, según los investigadores. “No podemos tener relaciones con unas 150 personas y que todas sean íntimas. Por tanto, si se tienen muchísimas relaciones, tiene que ser al coste de que casi todas sean superficiales”, señala otro de los autores del estudio, Ignacio Tamarit, del Grupo Interdisciplinar de Sistemas Complejos de la UC3M, quien también participa en el proyecto DUNDIG y desarrolla su tesis doctoral sobre este tema.

A la hora de iniciar el estudio, los investigadores partieron de la hipótesis de que las relaciones humanas conllevan distinto nivel de esfuerzo, dependiendo de la intensidad emocional, y que la capacidad de gestionarlas es limitada. Mediante técnicas estándar de física estadística, calcularon la organización en círculos de amistad y plantearon la idea del régimen invertido (es decir, que en comunidades pequeñas con menos relaciones potenciales, la intensidad de las mismas es mayor).

Para comprobarlo, se utilizaron datos de comunidades casi aisladas de inmigrantes – proporcionadas por un antropólogo de la Universidad Autónoma de Barcelona, José Luis Molina – y tras aplicar el modelo teórico encontraron las evidencias que buscaban. “La teoría predice algo que no se había comprobado hasta ahora: si tú tienes pocos posibles amigos, van a ser todos amigos íntimos. El antropólogo había trabajado con grupos de emigrantes búlgaros, que solo se relacionan entre ellos, y son todos súper amigos”, explica Sánchez.

El impacto de las redes sociales: menos amigos y más conocidos

Ahora, el equipo de investigadores del Proyecto DUNDIG está analizando este fenómeno en el entorno de las redes sociales, analizando datos de usuarios de Facebook para comprobar si las predicciones de Dunbar también se cumplen. “Evidentemente, nadie tiene ni tiempo ni capacidad cognitiva para relacionarse ni para revisar el perfil de Facebook de miles de personas”, afirma Sánchez.

Sin embargo, lo que sus investigaciones están comprobando es que “las redes están causando una cierta redistribución del capital o esfuerzo que dedicas a cada relación. A tus relaciones más íntimas no les afecta esto, pero una parte de lo que antes se dedicaba a los amigos se empieza a dedicar a conocidos. Es decir, lo que estamos detectando es que Facebook hace que tengas menos amigos y más conocidos”, concluye el investigador.

Además del apoyo recibido por una de las Ayudas a Equipos de Investigación Científica de la Fundación BBVA, este estudio se enmarca en IBSEN (Bridging the Gap: From Individual Behaviour to the Socio-tEchnical MaN), un proyecto de investigación europeo (FET Open Research and Innovation Action, H2020 Grant Agreement 662725) coordinado por la UC3M que estudia el comportamiento de las personas a nivel individual, sobre todo cuando están conectadas por nuevas tecnologías como los teléfonos móviles o las redes sociales.

Referencia bibliográfica:

Cognitive resource allocation determines the organisation of personal networks. Ignacio Tamarit, José A. Cuesta, Robin I. M. Dunbar y Ángel Sánchez. Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). July 23, 2018