Los sectores de alta digitalización cuentan con mayor presencia de empresas de rápido crecimiento, las más activas en creación de empleo
La economía española presenta un retraso en digitalización respecto a Europa: los sectores de alta intensidad digital aportan el 21,2% del producto interior bruto (PIB) (frente al 24,3% de la UE-27), mientras que los de baja digitalización tienen un peso muy superior al europeo (37,9% frente al 31,5%). Esta situación limita la capacidad de España para aprovechar plenamente los efectos de la digitalización sobre el crecimiento económico, ya que los sectores de alta digitalización registran un mayor dinamismo empresarial y una mayor creación de empleo. En 2025 concentraban el 20,4% de los ocupados, 1,6 puntos más que en 2013. Este dinamismo se apoya en una mayor presencia de empresas de rápido crecimiento (gacelas), que en estos sectores alcanzan el 8,7% del total, frente al 6% de media, y en la pérdida de peso de las grandes empresas que crecen poco (elefantes), cuyo peso en el empleo se ha reducido. Sin embargo, los sectores de alta digitalización presentan niveles de rentabilidad sobre ventas inferiores a los de baja digitalización (6,7% frente a 8,6%), que en algunos casos corresponden a actividades en mercados con elevadas barreras de entrada o escasa competencia.
23 julio, 2026
La digitalización se ha consolidado como uno de los principales motores de la transformación de las empresas y del crecimiento económico. La incorporación de las nuevas tecnologías permite a las empresas desarrollar nuevos productos y modelos de negocio y suele ir acompañada de mayor inversión en activos intangibles que refuerzan la capacidad competitiva de las empresas. Esos cambios favorecen una mejor asignación de recursos, el aprovechamiento de economías de escala y de red, y la mejora de la productividad. La digitalización mejora los resultados empresariales e impulsa el dinamismo del tejido productivo.
Una menor digitalización puede limitar la capacidad de aprovechar los efectos de esta transformación tecnológica sobre el crecimiento. Si se tiene en cuenta el peso de las actividades productivas con más alta intensidad digital, en comparación con la media de la UE-27, la economía española presenta un retraso en intensidad digital. Así, en términos de PIB, aportan el 21,2% del total frente al 24,3% medio en la UE-27. En cambio, los sectores de baja digitalización tienen mayor importancia relativa en España (37,9% frente al 31,5%), el tercer país de la UE-27 con mayor peso de estos sectores, solo por detrás de Grecia y Rumanía.
Los sectores de alta digitalización, cuyas empresas suponen el 21% del total (muy por debajo del 42,7% de las empresas de baja digitalización), son, principalmente, los servicios de información y comunicaciones, la fabricación de material de transporte, las actividades jurídicas y contables, la investigación y el desarrollo, la publicidad, las actividades administrativas y los servicios auxiliares. El resto de sectores manufactureros y de servicios presentan intensidades digitales medias, mientras que la intensidad digital baja es característica de sectores como el primario, las industrias extractivas, el de alimentación, bebidas y tabaco, el sector energético, la construcción, el transporte y almacenamiento, la hostelería y las actividades inmobiliarias.
Un reducido peso de los sectores más digitalizados puede frenar el crecimiento porque son actividades más dinámicas. En el caso de España, el crecimiento empresarial (aproximado por el crecimiento del empleo medio de las empresas de 10 o más trabajadores) en los sectores de alta digitalización es del 4,6% anual en el periodo 2013-2023, por encima del de los sectores de digitalización medio-alta (3,4%), medio-baja (2,9%) y baja (4%). En paralelo, los sectores de alta digitalización han ido ganando peso en la economía, hasta concentrar el 20,4% de los ocupados en 2025, 1,6 puntos más que en 2013.
Además, durante la pandemia, el dinamismo económico se redujo de forma generalizada, pero más en los sectores de menor intensidad digital. En cambio, los de alta digitalización fueron más resilientes, entre otras razones porque la digitalización les ofreció mayor capacidad de mantener su actividad ante los cambios sobrevenidos en el entorno.
El mayor dinamismo de los sectores más digitalizados se apoya, entre otras cosas, en una mayor presencia de las llamadas “empresas de rápido crecimiento” (ERC) o empresas gacela. Estas representan una proporción reducida del tejido productivo, pero concentran una parte muy significativa de la creación de empleo porque crecen rápido.
Peso de las empresas de rápido crecimiento (ERC) y grandes de lento crecimiento (elefantes) según la intensidad digital del sector. 2013 y 2023 (porcentaje sobre el total de empresas de 10 o más empleados)
Los datos para España muestran que la presencia de las ERC es mayor en los sectores de alta digitalización, 8,7%. En cambio, en los de digitalización media-alta representan el 4,2%, en los de digitalización media-baja el 3,2% y en los de digitalización baja el 6,9%. Su peso ha aumentado con el tiempo en todos los sectores, de modo que el porcentaje de empresas gacela más reciente (2023) dobla al de diez años antes, en el conjunto de la economía. Sin embargo, la mayor intensificación del porcentaje de ERC se observa en los sectores de baja digitalización, lo que indica que esas actividades también tienen un importante protagonismo en el crecimiento español reciente.
Otra debilidad del avance del tejido productivo altamente digitalizado en España es que, si bien en esos sectores las ERC representan un porcentaje mayor de las empresas, en empleo no es así. Las ERC en sectores de baja digitalización concentran el 16,4% del empleo frente al 11,9% en los sectores de alta. Esta diferencia refleja que, una parte de estas empresas en los sectores más digitalizados son de base tecnológica y orientadas a nuevos modelos de negocio, pero predominantemente jóvenes y de reducido tamaño. Se trata de un dato relevante porque, para la eficiencia productiva de la economía, es muy importante que estas empresas ganen dimensión, pues las medianas y grandes suelen ser más eficientes en promedio.
Ahora bien, una parte de las empresas grandes crecen poco y no destacan por su productividad sino por las ventajas que disfrutan gracias a barreras que las protegen de la competencia. Estas empresas elefante, que apenas se transforman ni crecen, pueden dificultar la entrada de nuevas competidoras en determinados mercados gracias a que de su mayor tamaño se deriva una posición dominante. En este sentido, en los sectores más digitalizados las grandes empresas de lento crecimiento pierden relevancia desde la Gran Recesión, mientras en el resto de actividades la ganan. Entre 2013 y 2023, el peso de las empresas elefante en el empleo disminuye en los sectores de alta digitalización (del 8,5% al 7%), mientras aumenta en los de baja digitalización (del 4,3% al 6,7%), digitalización media-alta (del 7,6% al 11,0%) y media-baja (del 6,3% al 10,0%). Su presencia es, en cualquier caso, limitada, ya que representan el 0,6% del total de empresas en 2023, llegando a un máximo del 1,3% en los sectores de medio-baja digitalización.
Por otra parte, los sectores de baja digitalización registran los niveles de rentabilidad (sobre ventas) más elevados (8,6%), por encima de los de digitalización alta (6,7%), medio-alta (4,6%) y medio-baja (6,3%). Esta mayor rentabilidad de los sectores de baja digitalización no refleja una ventaja competitiva estructural, sino que operan en entornos con elevadas barreras de entrada y menor presión competitiva. Algunos de estos sectores están regulados -como la energía- o dependen de concesiones administrativas -como el transporte urbano de pasajeros-. Otros, como las actividades inmobiliarias y la hostelería, se benefician de su posición de dominio en mercados locales con limitada competencia (en ocasiones derivada de la exclusividad de las ubicaciones) y barreras de entrada (como las licencias).
En los sectores de alta digitalización la rentabilidad se apoya en el uso intensivo de activos intangibles y el aprovechamiento de economías de escala. Algunos de esos mercados funcionan con la dinámica de que el “ganador se lo lleva todo” y las empresas superestrellas son más frecuentes. En esos sectores encontramos empresas tecnológicas, de programación, consultoría y otras actividades informáticas.
En definitiva, la economía española aún no aprovecha plenamente el potencial de la digitalización. El mayor dinamismo de los sectores de alta digitalización y la creciente presencia de ERC en ellos apuntan en dirección positiva, pero su capacidad para generar empleo y crecimiento se ve limitada por el reducido tamaño de estas empresas. Avanzar en este proceso requiere un entorno que facilite el crecimiento de las empresas más dinámicas de los sectores de mayor intensidad digital. Al mismo tiempo, la elevada rentabilidad de los sectores de baja digitalización, sostenida en buena medida por barreras de entrada y mercados poco abiertos a la competencia, desincentiva la transformación digital del tejido productivo. Por tanto, son aconsejables reformas que reduzcan las barreras regulatorias que protegen a las empresas con posición de dominio. También se necesitan políticas que favorezcan una mayor apertura de los mercados, para que la transformación digital del tejido productivo se traduzca en mayor crecimiento económico y creación de empleo de calidad.
