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ESENCIALES Nº 37: DESPOBLACIÓN DE LAS PROVINCIAS ESPAÑOLAS

España gana un 15,4% de habitantes desde el 2000, mientras más del 60% de municipios y 13 provincias pierden población

La población española ha aumentado un 15,4% desde el año 2000, pero este crecimiento enmascara una dispar evolución demográfica a nivel municipal ya que el 63,1% de los municipios y 13 provincias han perdido habitantes desde entonces. El fenómeno de la despoblación se acentúa y, en 2018, la mitad de las provincias españolas perdieron residentes respecto al año anterior. Los pueblos de 1.000 o menos habitantes, que representan el 61,5% del total de municipios españoles, son los que más han sufrido el desplazamiento de habitantes y actualmente solo concentran al 3,1% de la población. Por el contrario, casi el 80% de la población vive en municipios de más de 10.000 habitantes. Por provincias, destaca el aumento de personas en Guadalajara, que ha ganado un 53,8% de residentes desde el año 2000, seguida de Almería, Girona, Baleares y Tarragona.

18 julio, 2019

La despoblación es un fenómeno demográfico y territorial que se inició en España a principios del siglo XX como respuesta al modelo de industrialización, que ofrecía mayor creación de empleo, competitividad e ingresos en las ciudades y, por consiguiente, una mejor calidad de vida. El envejecimiento y el crecimiento vegetativo negativo, derivados de la salida de personas jóvenes en edad de trabajar, hacen que la despoblación persista y sea un proceso que va más allá del flujo de población de las zonas rurales a las urbanas.

España presenta ganancias de población a lo largo de las dos últimas décadas, salvo entre 2013 y 2016, acumulando un crecimiento del 15,4% entre 2000 y 2018. No obstante, este comportamiento a nivel nacional presenta grandes variaciones en función de la región que se analice. Entre 2000 y 2018 determinadas provincias experimentan un crecimiento demográfico acumulado, más intenso en el caso de Madrid y municipios colindantes, municipios de Murcia, la parte más sur de Andalucía, así como en la zona del mediterráneo. Guadalajara (53,8%) es con diferencia la provincia con mayor crecimiento de población, seguida a distancia por Almería (36,9%), Girona (34,7%), Baleares (33,5%) y Tarragona (33%). Guipúzcoa (6,7%) es la única provincia que gana población de forma ininterrumpida año tras año.

Por el contrario, el 63,1% de los municipios españoles pierden población en ese lapso de tiempo. Este escenario municipal se traduce en 13 provincias que han visto reducir el número de habitantes, lideradas por Zamora (-14,2%) y Ourense (-10,4%) que presentan una despoblación ininterrumpida a lo largo de todo el periodo.

El fenómeno de la despoblación en determinadas regiones españolas se ha agudizado a lo largo del siglo XXI. En 2018, el 62,7% de los municipios y el 50% de las provincias españolas pierden población —si se compara con el año anterior— y 22 de ellas lo hacen ya 6 ejercicios consecutivos. Zamora (-1,6%), Ávila (-1,4%), León (-1,0%) y Cáceres (-0,9%) son las provincias con mayor merma poblacional en términos relativos, frente a Baleares (1,2%), Madrid (1,1%), Sta. Cruz de Tenerife (1,1%) y Girona (0,8%) que se encuentran en el extremo opuesto, con ganancia poblacional.

Tasa de variación de la población- 2000-2018 (porcentaje)

Tasa de variación de la población- 2000-2018 (porcentaje)

La despoblación tiene relación directa con el tamaño de los  municipios.  Así,  desde 2011,  el número de  municipios de 1.000 o menos habitantes aumenta hasta alcanzar los 4.995 en 2018, lo que representa el 61,5% del total de municipios españoles, el valor más alto desde el año 2000.   Detrás de este incremento está el mayor número de municipios de 100 o menos habitantes, ya que pasan de 928 en el año 2000 a 1.360 en 2018, un 46,6% más.  Es decir, la despoblación hace que crezca el número de municipios más pequeños y que, al mismo tiempo, en su conjunto, pierdan  habitantes. En estas últimas dos décadas, la población de los municipios de 1.000 o menos habitantes ha caído un 8,9% (142.000 habitantes menos). De esta forma, han pasado de concentrar el 4% de la población en el año 2000 al 3,1% en 2018.

Número de municipios con 1.000 o menos habitantes. España. 2000, 2008, 2014-2018 (porcentaje)

Número de municipios con 1.000 o menos habitantes. España. 2000, 2008, 2014-2018 (porcentaje)

Este tipo de municipios de 1.000 o menos habitantes, característicos de la España rural, suponen más del 90% en  el caso de Soria (94%), Zamora (93,1%), Burgos (93%), Ávila (92,3%), Salamanca (92%), Teruel (91,9%) y Palencia (90,1%). Todas estas provincias, a excepción de Burgos, concentran en este tipo de municipios más del 20% de su población, sobre todo en localidades de entre 101 y 500 habitantes. Esta realidad pone de manifiesto una clara polarización de la población en dos ámbitos demográficos muy determinados, rural y urbano, acrecentando la existencia de minifundios demográficos con las correspondientes limitaciones económicas y sociales.

Los municipios de 10.000 o menos habitantes de 48 provincias registraron más defunciones que nacimientos en 2017

La pérdida de población en muchas provincias tiene que ver con el problema de baja natalidad y elevado envejecimiento de España que ha derivado en un crecimiento vegetativo negativo desde 2015. Así, la cantidad de provincias en las que el número de defunciones supera al de nacimientos ha ido en aumento, especialmente en los municipios de 10.000 o menos habitantes, que presentan en 2017 crecimiento vegetativo negativo en 48 de las 50 provincias españolas. Zamora lidera el crecimiento vegetativo negativo por tercer año consecutivo, con 10 personas menos por cada 1.000 habitantes, situándose Ourense en el segundo lugar.

El envejecimiento poblacional se observa también en el índice de recambio generacional (proporción de personas de 15-19 años de edad que entrarían al mercado laboral respecto a las que se jubilarían) que cae un 41% desde el año 2000, ya que las personas que abandonan las zonas rurales son jóvenes en edad de trabajar y reproductiva. En definitiva, las consecuencias de la combinación de una baja natalidad frente a mayores defunciones, junto a un  recambio generacional cada vez más deteriorado,  retroalimentan la despoblación y contribuyen a que continúe su dinámica.

Crecimiento vegetativo e índice de recambio general de las provincias. 2017.

Crecimiento vegetativo e índice de recambio general de las provincias. 2017.

Las estadísticas de migraciones muestran que el movimiento interprovincial de extranjeros ha amortiguado en cierta manera el saldo negativo de los españoles en aquellas provincias más castigadas por la despoblación. No obstante, esa contribución se ha ido reduciendo en los últimos años, indicando que también los extranjeros abandonan estas provincias siguiendo el patrón marcado por la población local. Por otra parte, la llegada de extranjeros a España ha superado la salida desde 2008 en la mayoría de las provincias con mayor problema de despoblación, —excepto en el año 2013—, y ha permitido los saldos migratorios exteriores positivos de estas regiones.

Pese a todo, el porcentaje de residentes extranjeros en los municipios de 1.000 o menos habitantes sobre el total de población provincial de este tipo de municipios es reducido, sin superar el 5%, salvo en Soria (5,6%) y Teruel (9%). En consecuencia, el impacto del colectivo extranjero, si bien es positivo, no ha tenido la suficiente fuerza como para modificar la tendencia de despoblación que caracteriza a estas regiones. No debe perderse de vista que la inmigración en España es mayoritariamente económica, por lo que son los grandes núcleos urbanos y zonas de elevada actividad los puntos de atracción de esta población.

La despoblación pone en riesgo tanto el equilibrio demográfico como actividades primarias y agroalimentarias, que son necesarias para el funcionamiento de las ciudades. Hacer económica y socialmente atractivas estas zonas es la clave para su repoblación, por lo que dotarlas de servicios es determinante. El apoyo al emprendimiento y a la generación de empleo debe ir de la mano de una estrategia de implantación y uso de nuevas tecnologías que tiendan a una digitalización del medio rural y sus actividades. No es un fenómeno exclusivo de España sino que se extiende por toda Europa, especialmente en países del Este y bálticos y también en Alemania, Grecia, Portugal y algunas regiones del sur de Italia, por lo que debe verse como una oportunidad para plantear estas medidas como una política comunitaria.

Para ampliar esta información puede consultarse la monografía: Cambios en la estructura y localización de la población. Una visión de largo plazo (1842-2011) (Fundación BBVA 2015).