NOTICIA Con el patrocinio exclusivo de la Fundación BBVA

La Fundación Joan Miró inaugura la exposición “¿Arte Sonoro?”: un recorrido tras la huella del elemento sonoro en las artes plásticas del siglo XX

La Fundació Joan Miró presenta ¿Arte sonoro?, una pregunta en forma de exposición que revisa la cuestión de la sonoridad en el arte y se plantea la posibilidad de esta categoría estética. La muestra, que cuenta con el patrocinio exclusivo de la Fundación BBVA, se articula como un recorrido tras la huella del elemento sonoro en las artes plásticas del siglo xx, de la mano del comisario Arnau Horta, reconocido experto en la creación sonora contemporánea. Se podrá visitar desde el próximo 26 de octubre hasta el 23 de febrero de 2020.

24 octubre, 2019

Noticia / Reportaje

Imágenes de la exposición

Exposición

¿Arte sonoro?

La exposición ¿Arte sonoro? ahonda en la pregunta que se planteaba hace casi veinte años el percusionista y pionero de la instalación sonora Max Neuhaus (1939-2009) en su artículo homónimo: ¿constituyen una única categoría estética todas las prácticas artísticas en las que está implicado el elemento sonoro? ¿O el sonido es materia y medio en una diversidad de manifestaciones artísticas en diálogo? El comisario Arnau Horta, especializado en el análisis del sonido y de la escucha en las prácticas artísticas contemporáneas, investiga la presencia del elemento sonoro en las artes plásticas del siglo xx para contribuir a este debate sobre la cuestión de la sonoridad en el arte.

A lo largo de sus cinco ámbitos, la exposición, que cuenta con el patrocinio exclusivo de la Fundación BBVA, identifica los diferentes tipos de manifestaciones sonoras en las artes visuales y propone una cronología de la sonorización del objeto artístico desde finales del siglo XIX hasta la actualidad. La muestra ilustra como este proceso de sonorización tuvo lugar de forma progresiva: primero implícitamente, como una alusión metafórica al sonido, y después explícitamente, como una propagación efectiva de este en la obra.

Entre finales del siglo xix y principios del xx, los fenómenos sonoros se convirtieron en una fuente de inspiración constante y una herramienta ampliamente utilizada por un extenso grupo de artistas dedicados a la renovación de la práctica artística. «Los ojos escuchan», primera parte de la muestra, examina especialmente el papel de la música como factor determinante en la transición de la figuración a la abstracción. Los títulos de la gran mayoría de las obras incluidas en esta sección hacen referencia a la música, a sus códigos y a su terminología. Es el caso de Nocturne: Blue and Silver – Chelsea (1871), de James Abbott McNeill Whistler; el díptico Prelude and Fugue (1908), de Mikalojus Konstantinas Čiurlionis; los Rythmes colorés (1913), de Léopold Survage; el Bock syncopé (Rythme heurté) (1928-1930), de František Kupka, o Musique du crépuscule I y V (1965/1966), de Joan Miró, de la colección de la Fundación. La vibrante pintura de Sonia Delaunay Chanteurs de flamenco (Grand flamenco) (1915-1916), incluida también en esta sección, ejemplifica cómo se pueden ver los sonidos y, por el contrario, cómo los colores también se escuchan.

El continuo diálogo entre lo sonoro y lo visual propició, a su vez, que desde mediados del siglo xx muchos compositores se inspiraran en las artes visuales para deshacerse de la rigidez de la notación y las metodologías tradicionales de la composición. La segunda parte de la muestra, titulada «Música sobre papel», examina cómo la partitura se convirtió en un espacio abierto a la experimentación y la performatividad para artistas vinculados directa o indirectamente al colectivo Fluxus, como Earle Brown, Cathy Berberian, Dick Higgins, Channa Horwitz, Pablo Palazuelo, Katalin Ladik, Alvin Lucier o Rolf Julius. La obra de este último tiene una presencia destacada a lo largo de toda la exposición, con una selección de piezas distribuidas en las diferentes secciones de la muestra y en diferentes espacios del museo. Coincidiendo con el ochenta aniversario del nacimiento de este artista alemán, ¿Arte sonoro? reivindica su trabajo, a caballo entre lo musical, lo pictórico y lo escultórico, que fue pionero en el empleo del sonido en el campo de las artes.

“Cuerpos sonoros”

A continuación, la exposición avanza hacia un tercer espacio titulado «Cuerpos sonoros». Dispuesto como una sala de estar, este ámbito reúne una serie de obras que se relacionan con el cuerpo como el mobiliario de un salón para proponer una experiencia sonora no dirigida exclusivamente al oído (o a la mirada), sino a la totalidad del cuerpo como espacio de escucha. Apoyando los codos sobre la Handphone Table (1978) de Laurie Anderson, los visitantes percibirán de forma háptica sonidos que solo son accesibles mediante una vibración que se transmite a las manos a través de los brazos. A su lado se encuentra Mannheim Chair (2015-2016), de Michaela Melián, una estructura para la audición inmersiva en forma de asiento en la que se escucha una composición para voz de esta artista titulada ESR, siglas en inglés del gen receptor de estrógeno. Esta composición se acompaña de una selección de dibujos en los que la misma artista transforma esta secuencia genética en diversas partituras gráficas. Completa el ámbito TV Experiment (Mixed Microphones) (1969-1995), de Nam June Paik, que invita a los visitantes a utilizar la voz —extensión sonora del cuerpo— para generar formas abstractas sobre la pantalla de un televisor. La voz es también la protagonista de la obra de Louise Lawler Birdcalls (1972-1981), instalada fuera del itinerario de la muestra, en el Patio del Olivo de la Fundación. En una maniobra que aúna ingenio, humor y crítica a las dinámicas de género en el mundo del arte, la artista pronuncia los nombres de veintinueve prominentes artistas masculinos utilizando diferentes cantos de pájaro.

«El silencio —aseguraba Joan Miró (1893-1983)— es una negación del ruido, pero resulta que el menor ruido, en el silencio, se vuelve enorme. El mismo proceso me hace buscar el ruido que se esconde en el silencio, el movimiento en la inmovilidad, la vida en lo inanimado, el infinito en lo finito, formas en el vacío y a mí mismo en el anonimato». «Los sonidos secretos del silencio» es la cuarta sección de la muestra, que indaga acerca de los aspectos conceptuales del silencio como reverso nunca enteramente contrario al sonido e investiga el papel de ambos como herramientas en el proceso para desmaterializar la obra de arte. El ámbito incluye piezas como el ready made de Marcel Duchamp À bruit secret (1916-1964); la composición 4’33’’ (1952), de John Cage, junto a sus collages Cadaqués 1 y 2 (1982); la instalación The Sound of Ice Melting (1970), de Paul Kos, u obras que aluden directamente al silencio en sus títulos, como The Silence (Ingmar Bergman) (1973), de Joseph Beuys, o Silence (1968), de Joan Miró.

Conclusión interrogativa

La última parte de la exposición, que lleva su mismo título, plantea una conclusión interrogativa a este recorrido por la progresiva sonorización del objeto artístico. Las obras presentadas son esculturas, instalaciones o dibujos realizados durante los últimos doce años por artistas de distintas generaciones y disciplinas. Algunas de ellas no suenan propiamente, pero el sonido constituye su núcleo discursivo. Entre las obras que se incluyen en esta sección se encuentra la primera escultura de John Baldessari, Beethoven’s Trumpet (With Ear) Opus # 133 (2007), los dibujos musicales de la compositora y artista visual Chiyoko Szlavnics o la escultura Yes/No (2008), de Carsten Nicolai, solidificación en aluminio de las formas de onda de las palabras y no en inglés. Sea lo sonoro categoría, medio o mensaje en las artes visuales, para Arnau Horta «la presencia del sonido (o la mera alusión a él a través del título) permite que el objeto artístico se haga presente, se signifique y sea capaz de decir de un modo radicalmente distinto y aumentado. Que decidamos calificar este objeto con una etiqueta u otra distinta no es tan importante como reconocer y comprender las consecuencias de esta capacidad, en absoluto reciente, que tiene la obra de arte para sonar, resonar y hacerse escuchar. También cuando lo hace de manera enteramente silenciosa, infiltrando su sonoridad a través de nuestros ojos, de nuestro pensamiento o de nuestra piel».

¿Arte sonoro? se completa con un programa específico de actividades para todas las etapas educativas y para público familiar y general, con propuestas dentro y fuera de la Fundación y en colaboración con otras instituciones académicas y culturales. La publicación que acompaña la exposición incluye el texto comisarial de Arnau Horta, la traducción por primera vez al castellano y al catalán del artículo fundacional de Max Neuhaus «¿Arte sonoro?», así como otro texto fundamental sobre la cuestión a cargo de Suzanne Delehanty, comisaria de la exposición Soundings, celebrada en 1981 en Nueva York. El catálogo recopila también nuevas contribuciones sobre la relación entre el sonido y el arte: desde un ensayo sobre la influencia del sonido en las primeras vanguardias y los pioneros de la abstracción, a cargo del musicólogo Jean-Yves Bosseur, hasta un artículo sobre aspectos conceptuales del sonido y el silencio firmado por el músico y escritor David Toop, pasando por una entrevista a Maija Julius —hija del artista Rolf Julius— y Miki Yui —compositora y ayudante de Julius— y una conversación con los comisarios y galeristas especializados en arte sonoro Ursula y René Block.