Los Premios de Informática celebran el valor de esta tecnología como herramienta de empoderamiento bajo un marco ético al servicio de la sociedad
La ceremonia de los Premios de Informática 2026 ha celebrado el valor transversal de esta tecnología como herramienta de empoderamiento al servicio de la sociedad. La X edición de estos galardones, otorgados por la Sociedad Científica Informática de España (SCIE) y la Fundación BBVA, ha reconocido la excelencia de seis jóvenes científicos, las trayectorias de tres investigadores sénior y el trabajo de una empresa cuyas contribuciones ya se están aplicando en múltiples campos como la inteligencia artificial, la robótica, la realidad virtual, la biometría y el desarrollo de dispositivos para el cuidado de personas mayores o dependientes.
5 noviembre, 2026
“La revolución tecnológica de la IA obliga a pensar en una reconversión de todos los sectores y facetas de la actividad vinculada a la generación del conocimiento: desde la educación hasta la forma de hacer ciencia”, ha resaltado la directora de Relaciones Institucionales de la Fundación BBVA, Silvia Churruca, en el discurso que ha pronunciado durante la ceremonia. “En este contexto, que provoca tanto asombro y entusiasmo como inquietud y preocupación, resulta reconfortante percibir no solo el excepcional talento investigador, sino también el compromiso social de todos los galardonados, al reivindicar la necesidad de que la tecnología, y en concreto la revolución de la IA, esté orientada ante todo al servicio del bien común”.
Por su parte, el presidente de la SCIE, Francisco Quiles, ha celebrado el hecho de que “con solo medio siglo de existencia”, la informática es “una ingeniería recién nacida que ha acabado transformando el mundo”.
“Hoy no se entendería el avance de ninguna otra ingeniería ni de ninguna otra disciplina científica sin la informática, que es transversal a todo”, ha recalcado el presidente de la SCIE. “Y ha cambiado también nuestra vida cotidiana. La inteligencia artificial, las redes sociales, el acceso inmediato a la información… Tantas cosas que hoy damos por supuestas tienen detrás, siempre, la informática”.
Galardonados por su creatividad, originalidad y excelencia
Creados en 2017, el objetivo de los Premios de Investigación SCIE-Fundación BBVA es reconocer la creatividad, originalidad y excelencia de los científicos que están impulsando la investigación de vanguardia en este campo tan fundamental de nuestro tiempo. Comprenden dos modalidades: los Premios Investigadores Jóvenes en Informática reconocen anualmente a seis científicos menores de 30 años que trabajen en España, autores de las mejores tesis doctorales en el área; y los Premios Nacionales de Informática, concedidos por la SCIE desde 2005 y entregados conjuntamente con la Fundación BBVA desde 2018, que se otorgan a investigadores y entidades públicas y privadas que han dedicado su labor al estudio, fortalecimiento y divulgación de la informática.
En la modalidad de Investigadores Jóvenes en Informática, los galardonados son: Paula Delgado de Santos, Associate AI Researcher en Telefónica Innovación Digital; Lorenzo Mur-Labadía, profesor de Tecnologías de la Información y la Comunicación en la Universidad de Zaragoza y Deep Learning Engineer en Multiverse Computing; Aurora Polo Rodríguez, investigadora posdoctoral en el Departamento de Arquitectura de Computadores, Automática y Robótica de la Universidad de Granada; José Luis Pontón Martínez, investigador posdoctoral en el Max Planck Institute for Informatics (Saarbrücken, Alemania); Oscar Sainz Jiménez, investigador contratado doctor en el Centro HiTZ de la Universidad del País Vasco (EHU); Eduardo Sebastián Rodríguez, investigador posdoctoral en el Departamento de Ciencia y Tecnología de la Computación de la Universidad de Cambridge (Reino Unido).
Los galardonados con los Premios Nacionales de Informática son: María Amparo Alonso Betanzos, catedrática de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial, en el Centro de Investigación en Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (CITIC) de la Universidade da Coruña (Premio José García Santesmases); José Hernández-Orallo, catedrático de Lenguajes y Sistemas Informáticos en el Instituto Universitario de Investigación en Inteligencia Artificial de la Universitat Politècnica de València y director de Investigación del Leverhulme Centre for the Future of Intelligence en la Universidad de Cambridge (Premio Aritmel); Javier García Zubía, catedrático de Arquitectura y Tecnología de Computadores de la Universidad de Deusto (Premio Ramón Llull); y la empresa INSITU, una spin-off de la Universidad de Vigo (Premio Ángela Ruiz Robles).
Una revolución que debe orientarse para beneficiar a toda la sociedad
“Vivimos en un mundo donde la inteligencia artificial está transformando nuestra forma de vivir, trabajar y relacionarnos a un ritmo vertiginoso”, ha afirmado en su discurso Aurora Polo. Para esta joven galardonada, que aplica esta tecnología al desarrollo de dispositivos diseñados para vigilar la salud de las personas mayores o dependientes, el valor de estos avances depende ante todo del propósito social con el que se diseñan: “Para mí, uno de los grandes retos de la informática del siglo XXI es lograr que la innovación no se quede en los laboratorios, sino que llegue a las personas y contribuya a construir una sociedad más accesible, inclusiva y humana. Tenemos un potencial enorme para transformar nuestro futuro, pero también la responsabilidad de orientar ese cambio.”
En la misma línea, Lorenzo Mur ha definido la inteligencia artificial como “la caja de Pandora de nuestra época”, una “herramienta de alcance incierto” que puede llevarnos a “un futuro de abundancia” o “un colapso del mercado laboral”, y que promete tanto “el descubrimiento de nuevos fármacos gracias a modelos superinteligentes”, como “desarrollos de armas biológicas que pueden poner en jaque a nuestra sociedad”. Ante una tecnología tan poderosa, Mur –que trabaja en el desarrollo de “gafas inteligentes”, programadas para detectar situaciones de riesgo y evitar accidentes– ha reivindicado que “hoy los jóvenes queremos liderar esta nueva revolución para asegurar a nuestra sociedad todos los beneficios de esta nueva tecnología”.
Paula Delgado ha resaltado por su parte las ventajas que ya nos ofrece la IA para “agilizar mucho los procesos en el día a día”. Su investigación se centra en el desarrollo de sistemas innovadores de biometría que permiten identificar a una persona a partir de patrones de comportamiento como la forma de andar o la forma de pulsar teclas al escribir con el móvil, sin necesidad de revelar información sensible como la edad, el género o la raza. “Lo importante”, ha subrayado Delgado, es que sean los humanos “quienes manejan la IA, quienes entiendan lo que hace y cómo lo hace, y no ser manejados por ella”.
Algoritmos explicables, responsables y sostenibles
La profesora Amparo Alonso – que trabaja en el desarrollo de los llamados modelos de “inteligencia artificial frugal”, capaces de obtener altos niveles de rendimiento con menos recursos computacionales, reduciendo así su impacto ambiental – ha enfatizado también la orientación ética que debe guiar el desarrollo sostenible de esta tecnología: “Necesitamos una IA potente e innovadora, pero no a cualquier precio. Explicable cuando lo necesitemos, responsable por diseño y sobre todo una tecnología que podamos comprender, adaptar y controlar. Si algo me gustaría que aportase nuestra investigación es que el futuro de la IA no lo determine sólo lo que la tecnología puede hacer, sino también lo que decidimos que debe hacer”.
José Hernández-Orallo –galardonado por su trayectoria científica internacional, centrada en dotar a la inteligencia artificial de herramientas teóricas y empíricas para evaluar con rigor sus capacidades, limitaciones y riesgos– ha celebrado que “por fin la informática ha conseguido demostrar que las máquinas piensan”. Sin embargo, después de tres décadas de investigación, el catedrático de la Universitat Politècnica de València ha reconocido que sigue sin estar claro “qué es la inteligencia y cómo podemos medirla”, y considera prioritario que ahora los informáticos exploren “qué tipos de inteligencia podemos crear y cómo podemos encauzarlas para el bien común”.
El trabajo de Oscar Sainz se centra en el entrenamiento de modelos de lenguaje con pocos datos, por ejemplo con lenguas minoritarias como el euskera. Desde su experiencia en este campo, el joven investigador galardonado ha resaltado las carencias actuales que hoy siguen provocando errores recurrentes en la IA: “Todavía hay muchos casos en los que un modelo de lenguaje puede darte una respuesta totalmente convincente y, aun así, incorrecta. ¿Por qué? La razón es simple: estos modelos se han entrenado para que sus respuestas sean preferidas por los humanos, pero no para resolver todas y cada una de las posibles tareas. Para muchos de esos casos, no existen datos de entrenamiento suficientes. Aunque me gustaría decir que todo está resuelto, aún queda mucho trabajo por hacer”.
Una informática “humanista” para abordar los grandes retos globales
Eduardo Sebastián ha definido la informática como “una herramienta de empoderamiento social, en la que las posibilidades imaginadas en el ámbito de la lógica humana pueden ser puestas en práctica, probadas, refutadas o combinadas para dar lugar a soluciones de importancia vital para la sociedad”. Este joven investigador –galardonado por su trabajo para desarrollar enjambres de robots, capaces de coordinarse para realizar tareas de rescate en zonas catastróficas– considera que “la inteligencia colectiva nos va a permitir materializar un mundo mejor en el que podamos interactuar de forma sana con otros robots y otras personas, colaborando para resolver retos como el cambio climático, la extinción de especies o el tratamiento del cáncer”.
Desde la óptica de su experiencia como diseñador de sistemas de realidad virtual para mejorar la comunicación a distancia entre personas con avatares digitales, José Luis Pontón ha subrayado cómo este campo de investigación ejemplifica el valor transversal de la informática en el siglo XXI: “Estas herramientas también pueden ayudarnos a estudiar el movimiento humano desde el punto de vista biomecánico, con posibles aplicaciones en medicina o prevención de lesiones. Los avances en inteligencia artificial, robótica y capacidad de cómputo no solo transforman nuestra propia disciplina, sino que también permiten abordar problemas de otros campos, como la medicina o la ingeniería. Por eso, creo que es importante seguir investigando en informática y colaborar con otras disciplinas para aprovechar estos avances”.
El gerente de INSITU, Ramón Martínez, ha explicado por su parte cómo los avances logrados por esta spin-off de la Universidad de Vigo han logrado diseñar una plataforma tecnológica propia que permite digitalizar y gestionar de forma inteligente infraestructuras del transporte y entornos urbanos: “¿Qué valor tiene hoy la investigación en informática para la sociedad? Creo que, en nuestro caso, la respuesta está en lo que no se ve. Nadie piensa en un algoritmo cuando viaja en tren, cruza una calle, o conduce su vehículo por una vía cualquiera. Pero el mantenimiento de esas infraestructuras, su seguridad, la racionalización de su gestión dependen cada vez más de procedimientos informatizados. Por ello, la investigación, el desarrollo y la innovación permiten decisiones más seguras, más eficientes y más sostenibles”.
Finalmente, Javier García Zubía ha puesto el foco sobre el valor educativo de la informática, desde la experiencia como creador e impulsor de WebLab-Deusto, una iniciativa pionera que permite a estudiantes de todo el planeta programar e interactuar con hardware y sistemas digitales reales a distancia, sin necesidad de equipamiento costoso, por ejemplo en entornos rurales: “En la sociedad digital del siglo XXI, la informática es el principal motor actual y futuro. Es fácil criticar a la informática, ya que basta con escuchar alguna de las respuestas majaderas de la IA o sentir a un fantasma que recorre el mundo, pero también es muy fácil identificar todas las ventajas. El futuro sigue siendo informático”.
Jurado
El jurado ha estado presidido por Francisco Quiles Flor, catedrático de Arquitectura y Tecnología de Computadores en la Universidad de Castilla-La Mancha y presidente de la SCIE; e integrado por: Margarita Amor López, catedrática de Arquitectura y Tecnología de Computadores en la Universidade da Coruña; Ricardo Baeza Yates, catedrático en el Departamento de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones de la Escuela de Ingeniería en la Universitat Pompeu Fabra; Eva Cerezo Bagdasari, catedrática de Lenguajes y Sistemas Informáticos y directora de la Escuela de Doctorado en la Universidad de Zaragoza; María José Escalona Cuaresma, catedrática de Lenguajes y Sistemas Informáticos en la Universidad de Sevilla; Noelia Ferruz Capapey, Group Leader del Systems and Synthetic Biology Group en el Centre for Genomic Regulation; Diego Gutiérrez Pérez, catedrático de Lenguajes y Sistemas Informáticos en la Universidad de Zaragoza; Enrique Herrera Viedma, catedrático de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial y vicerrector de Investigación y Transferencia en la Universidad de Granada; Paloma Martínez Fernández, catedrática de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial en la Universidad Carlos III de Madrid; y Alicia Troncoso Lora, catedrática de Lenguajes y Sistemas Informáticos en la Universidad Pablo de Olavide y presidenta de AEPIA (Asociación Española para la Inteligencia Artificial).